“Aún hay esperanza, hay personas que ayudan a otras de corazón”


"Personas que ya conocían a Claudia Quintero, me dijeron que ella tenia un gran corazón y siempre ayudaba a las mujeres"

Nathalie es una migrante venezolana que llegó a Colombia con sólo un bolso y en la otra mano llevaba a su pequeña hija.

Maga y payasita era la forma más divertida para ganarse el dinero en Venezuela.

Antes de empezar la entrevista me invitó un café dulcito y calientico, haciendo el ambiente mas amistoso, a la vez que repetía lo agradecía que se sentía con la Corporación Anne Frank.


¿Por qué decide salir de Venezuela?

Quería ayudar a mi mamá y no depender de mi papá, sentirme más mujer, ser independiente por primera vez.


¿Cómo fueron los primeros meses en Colombia?

Llegando a Colombia me estafaron, me ofrecieron cambiarme cien dólares por pesos y lo que hicieron fue cambiarme los cien dólares por un billete falso. Llegué a Santa Marta donde una comadre, en el lugar había puras fincas y no conseguí trabajo, entonces todos los días pagaba pasaje junto a mi comadre y mi hija para llegarnos al pueblo, y en una plaza del pueblo me ponía a pintar caritas por mil o dos mil pesos, se puede decir que me fue bien, pero me fui a Cali a los tres meses, con la idea de formar una familia y conseguir un trabajo más estable con sueldo fijo y poder cuidar yo misma de mi pequeña hija. Al llegar a Cali me puse a vender café, después empecé a trabajar en una pañalera medio tiempo por diez mil pesos diarios, si trabajaba más tiempo me pagaban quince mil, hasta veinte mil. En ese momento pagaba cien mil pesos por una habitación,

Trabaje después como encargada de un almacén y me pagaban diario treinta mil pesos, a los dos meses cerró el local por lo de la pandemia, la dueña del almacén me regaló un pequeño mercado el día que cerró el negocio. De ahí me tocó salir a pedir en las calles, así estuve hasta que metí hoja de vida en un almacén de los llamados "remates" donde trabajé ocho meses y cuando se enteran que estaba embarazada me botan.


Estaba desesperada, mi pareja me deja sabiendo de mi embarazo. En mi desesperación me ofrecen trabajar por unos días de 3:00pm a 10:00pm por sólo diez mil pesos vendiendo arepas y parada todo el día, lo que hacía que las condiciones fueran riesgosas para mi embarazo.

Empecé a navegar por las diferentes redes, llame a un teléfono de un anuncio, donde indicaba que trabajara desde la casa con buenos pagos y al privado me ofrecían otra cosa, vender fotos de mi cuerpo desnudo, no voy a negarlo, si lo pensé, me vi tentada hacerlo para sobrevivir. Esa gente te pone todo como tan fácil para engañar a las mujeres más vulnerables, ofreciendo pagos en dólares o sumas tentativas como por ejemplo 500.000 pesos semanales, ellos ofrecían darme vestuario, celular, pero debía firmar un contrato y me dio miedo, me imagine haciendo pornografía en vivo, no les importaba que fuese gorda. Prefiero quemarme las manos vendiendo arepas por miedo de que me llevaran en la trata de personas, pero ya no me dejarían trabajar en las arepas por mucho más tiempo.


¿Cómo conoció la Corporación Anne Frank?

Asistí a un taller de mujeres donde fui invitada, me comentaron que de pronto me darían una ayudita, pero jamás imaginé que fuera tanta la ayuda.

Cuando me dijeron que fuera al refugio para tomar mis datos y para que aprendiera hacer manillas, tenía miedo que fuese un engaño., las personas me decían que era mentira que la Corporación Anne Frank no me iba ayudar, pero otras personas que ya conocían a Claudia Quintero, me dijeron que ella tenía un gran corazón y siempre ayudaba a las mujeres, fue así como inicie el programa de cuidado restaurativo en el refugio Anne Frank.


¿Cómo te has sentido durante tu proceso en la Corporación Anne Frank?

Me he sentido más despejada, tranquila, porque yo no tengo familia, ni a nadie de confianza, aquí en Colombia, pensé que tendría que vivir en la calle, me sentía muy deprimida, pensé en suicidarme, pero “aún hay esperanza, hay personas que ayudan a otras de corazón”


Esta es una de tantas historias que se escuchan a diario de las mujeres migrantes venezolanas, es este uno de los motivos por los que la Corporación Anne Frank continua su lucha contra la violación de los derechos de las mujeres, identificándose con el abolicionismo de la prostitución.


Entrevistada por Sandra Velásquez

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