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WhatsApp, cuando las redes sociales son un herramienta de lucha



El lunes en la mañana, doña Esperanza muy emocionada por haber ahorrado y comprado un celular que le permite disfrutar por primera vez, la forma en que se habla por whatsaap, recibe el siguiente mensaje:

CUERPAZ: Buenas tardes doña Esperanza, le recordamos que nuestro próximo encuentro será el viernes a las dos de la tarde.

ESPERANZA: ¿En la Sede?

CUERPAZ: Si señora en la Sede nos estará acompañando todo el equipo, con un maravilloso trabajo, así que la esperamos con los brazos abiertos.

ESPERANZA:¡Ahí estaré, muchas gracias¡

De repente, un grito la despierta, la obliga a salir de ese sueño que con mucho esfuerzo, había podido hacer realidad.

- Así que tienes un amante y te encontrarás con él el viernes en la tarde

- Te daré tu merecido, y así nunca más, se te ocurrirá verme la cara –

De un tajo el infeliz, le agarró el celular, lo tiró al suelo y Doña Esperanza, vió como todos sus ahorritos, brincaban por todo el lugar, en formas diminutas que se deshacían sin tener la oportunidad de volverlos a juntar. La agarró del cabello, la golpeó, su cuerpo exánime, apenas le permitió abrir los ojos y grabar en su memoria el rostro terrible de aquel que ser humano que una vez creyó que la amó de verdad.

Diez minutos pasaron, diez minutos de maltrato y abuso sexual. Como pudo Esperanza se apresuró a recobrar la fuerza perdida, se secó un poco la sangre derramada e intentó lavar con abundante agua el horror del acto cometido hacia ella. Con el agua, intentaba expiarse, pero no era suficiente, pensó en su celular, pensó en el momento de felicidad en que por primera vez, había respondido un Whatsaap. El proyecto Cuerpaz; Memoria y Corporeidad que le ha permitido vivir momentos de paz, el equipo de trabajo, la autoestima recuperada.

El viernes llegó a su encuentro con la tranquilidad; detallaba en sus compañeras y amigas, las sonrisas y la serenidad. Su corazón latía fuertemente y una vez terminada la sesión, recordó las palabras de las talleristas: “Cuerpaz; repara corazones”. Esperanza sabía que ya había recibido lo suficiente para iniciar con su siguiente paso; el determinante, el que le permitiría cerrar de una vez y por todas una vida de infierno y sacrificio injustificado. Llegó a su casa, tomó valor, sacó a su compañero del rancho prometiéndose a sí misma reconstruirse y vivir, vivir como debía hacerlo.


Luego, abrazó a sus hijitos, y a la mañana siguiente se encaminó al trabajo, con el propósito firme de luchar siempre por su dignidad y por supuesto de volver a reunir dinerito y comprarse un celular, convirtiéndose así en una mujer empoderada que recogería lo aprendido y enseñaría a otras mujeres en su condición, lo bello que es sentirse plena y en libertad. Ahora, ella haría su propio grupo de Whatsaap.

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